DETROIT 9000 (1973)

 EL CINE DE LOS AÑOS 70.

DETROIT 9000 (1973)
REPARTO: HARI RHODES, ALEX ROCCO, VONETTA McGEE, ELLA EDWARDS, SALLY BAKER, HERBERT JEFFERSON JR., SCATMAN CROTHERS, ROBERT PHILLIPS, RUDY CHALLENGER, STACY KEACH SR., DAVIS ROBERTS, REGIS CORDIC
DIRECTOR: ARTHUR MARKS
MÚSICA: LUCHI DE JESUS
PRODUCTORA: ROLLING THUNDER PICTURES
DURACIÓN: 102 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
Detroit 9000 (1973), dirigida por Arthur Marks, es uno de esos thrillers setenteros que respiran calle, sudor y desencanto por cada uno de sus fotogramas. Surgida en plena efervescencia del cine urbano estadounidense, la película se mueve entre el blaxploitation, el police procedural y el cine político de bajo presupuesto, ofreciendo un retrato áspero y nada complaciente de una ciudad fracturada por el racismo, la corrupción y la violencia estructural.


La historia arranca con el robo de una importante suma de dinero perteneciente a una organización negra durante una recaudación política. A partir de ahí, la narración se articula en torno a una pareja de policías tan improbable como significativa: un detective blanco veterano y un joven agente afroamericano, obligados a colaborar en una ciudad donde las tensiones raciales lo contaminan todo. Más que el misterio en sí, lo que realmente interesa a Detroit 9000 es el contexto, el ambiente y las heridas abiertas de una urbe todavía marcada por los disturbios raciales de finales de los sesenta.

Arthur Marks filma Detroit como un espacio hostil, sucio y agotado, muy lejos de cualquier idealización. No hay glamour ni épica: las calles son peligrosas, los despachos policiales están corroídos por la desconfianza y la frontera entre la ley y el crimen resulta cada vez más difusa. En ese sentido, la película conecta más con el cine paranoico de la época que con el espectáculo puro, apostando por un tono seco, casi documental, reforzado por una fotografía granulada y una puesta en escena funcional pero efectiva.

Las interpretaciones cumplen sin alardes, pero con honestidad. Alex Rocco aporta dureza y cinismo a su policía curtido, mientras que Hari Rhodes dota a su personaje de una mezcla de idealismo y rabia contenida que refleja bien el clima social del momento. La química entre ambos no busca simpatía, sino fricción, y esa incomodidad es uno de los mayores aciertos del film.

Detroit 9000 no es una obra maestra ni pretende serlo. Tiene limitaciones evidentes, tanto narrativas como técnicas, y su ritmo es irregular. Sin embargo, su valor reside en la mirada: una mirada cruda, política y valiente sobre una América urbana que prefería no mirarse al espejo. Vista hoy, conserva un poder incómodo y una honestidad que muchos thrillers posteriores, más pulidos y menos arriesgados, nunca llegaron a alcanzar.

Comentarios

  1. Un buen thriller que se podría encuadrar tranquilamente dentro de la blackexplotation, donde refleja el desencanto de la sociedad con las elites políticas, muy posiblemente heredera del caso Watergate. Es tal ese desencanto que se refleja en uno de los personajes protagonistas con un giro argumental respecto a su papel.

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