¿COMO SE PREPARO ROBERT DE NIRO PARA PROTAGONIZAR "TAXI DRIVER"?
No fue el estruendo ni la urgencia lo que convirtió Taxi Driver en una película inolvidable. Tampoco una estética llamativa ni una banda sonora destinada a subrayar emociones. El impacto del filme de Martin Scorsese nació de algo más incómodo y persistente: la presencia silenciosa de Robert De Niro, absorbiendo la ciudad desde el asiento delantero de un taxi y devolviéndola al espectador convertida en una amenaza latente.Travis Bickle no irrumpe; se filtra. Exmarine, veterano de Vietnam y espectador insomne de una Nueva York en descomposición, el personaje se construye a partir de miradas, silencios y rutinas repetidas. De Niro entendió que ese mundo no podía fingirse. Por eso, lejos de limitarse a una preparación teórica, se sacó una licencia oficial de taxista y pasó semanas conduciendo doce horas diarias por Manhattan. Mientras la mayoría veía un coche amarillo cruzando la ciudad como un espectro anónimo, él estaba dando forma a una mente fragmentada, moldeando desde la experiencia directa el aislamiento y la violencia contenida de Bickle.
Durante el propio rodaje, el actor siguió recogiendo pasajeros siempre que podía. En una de esas jornadas alguien lo reconoció, una anécdota que De Niro suele recordar con ironía, consciente del contraste entre haber recogido un Oscar por El Padrino II y estar, poco después, al volante de un taxi real. Esa dualidad resume bien su método: desaparecer dentro del personaje hasta hacerlo indistinguible del entorno.
Años más tarde, la Comisión de Taxis y Limusinas de Nueva York haría pública una copia digital de aquella licencia, fechada en 1976. Un gesto simbólico que reconocía hasta qué punto la preparación de De Niro había trascendido el cine. Incluso décadas después, la imagen de Travis Bickle sigue siendo inmediata, reconocible, grabada en la memoria colectiva como una cicatriz urbana.
Scorsese siempre ha señalado la influencia decisiva de su actor en el tono del filme. Desde detalles aparentemente mínimos —como insistir en que una acción se ejecute exactamente cuando se verbaliza— hasta el uso de la tensión contenida como motor dramático, De Niro empujó al director hacia una puesta en escena más física, más peligrosa, donde la violencia parecía latir bajo cada plano.
Con el tiempo, el espejo, el mohawk y la pistola se han convertido en iconos culturales. Pero detrás de esa iconografía permanece algo más inquietante: la sensación de que Travis Bickle no fue interpretado, sino vivido. Y quizá por eso Taxi Driver sigue respirando como una herida abierta, sostenida por una actuación que nunca buscó el foco, pero acabó ocupándolo todo.

Estos actores del método tienen sus rarezas.
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