CLINT EASTWOOD Y EL SUPERHEROE QUE NUNCA FUE.

 CLINT EASTWOOD Y EL SUPERHEROE QUE NUNCA FUE.

La imagen de Clint Eastwood está grabada en la historia del cine como la de un hombre seco, de pocas palabras y mirada de acero. Un actor que atravesó el western, el thriller urbano y el melodrama romántico dejando títulos tan emblemáticos como El bueno, el feo y el malo, Harry el sucio, Fuga de Alcatraz, Los puentes de Madison o Million Dollar Baby. Su cine, como su presencia, siempre ha estado ligado a personajes con los pies firmemente anclados en la tierra.

Tal vez por eso, cuando Hollywood empezó a imaginar a un Superman cinematográfico a finales de los años setenta, Eastwood nunca llegó a verse dentro del traje. La propuesta llegó a su mesa, pero la respuesta fue inmediata y sincera. “¿Superman?”, se preguntó entonces. No había desprecio ni desdén, solo una certeza íntima: no era un papel para él. No porque el personaje careciera de valor, sino porque no encajaba con su manera de entender a los héroes.

Aquel “no” no fue una excepción en su carrera. Antes ya había rechazado convertirse en James Bond tras la salida de Sean Connery, y tampoco entonces pesó la edad —tenía 48 años cuando se le ofreció Superman—, sino una cuestión de afinidad artística. Eastwood siempre ha defendido a los personajes que, aun rozando lo extraordinario, conservan un vínculo reconocible con la realidad. Policías excesivos como Harry Callahan o pistoleros del oeste capaces de hazañas casi míticas, sí; cruzados con capa, no.

Paradójicamente, el universo del cómic no le era ajeno. De hecho, Eastwood ha confesado en más de una ocasión que, de niño, devoraba los cómics de Namor, el hombre submarino de Marvel, un héroe más áspero y ambiguo, quizá más cercano a su sensibilidad que el impecable símbolo de esperanza que representaba Superman.

El papel del kryptoniano fue rechazado también por otros grandes nombres de la época. Robert Redford declinó la oferta por temor a que su estrella eclipsara al personaje; Steve McQueen estaba centrado en proyectos personales; Paul Newman pasó de largo. Burt Reynolds y Dustin Hoffman fueron considerados, aunque este último no mostró interés ni en enfundarse el traje azul ni en interpretar al villano Lex Luthor, que acabaría inmortalizando Gene Hackman.

Finalmente, Superman: la película encontró su rostro ideal en Christopher Reeve. La cinta, dirigida por Richard Donner, contaba la odisea de un niño enviado al espacio desde un planeta condenado, adoptado en la Tierra y obligado a conciliar una vida cotidiana en Metrópolis con poderes capaces de cambiar el mundo.

Hoy, con 95 años, Eastwood sigue siendo la prueba de que también se construyen leyendas a base de renuncias. Mientras otros volaban, él prefirió caminar. Y en ese camino, sin capas ni superpoderes, terminó levantando una de las filmografías más sólidas y coherentes del cine estadounidense.



Comentarios

  1. Al que no veo de Superman por mucho que lo intente es a Dustin Hoffmann, imagino que lo tendría que interpretar con zancos. 🤣

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