CLINT EASTWOOD RESPONDE A LAS ACUSACIONES DE RACISMO DE SUS PELICULAS.
Durante años, Clint Eastwood y Spike Lee representaron dos miradas muy distintas del cine estadounidense, pero pocas veces esa distancia creativa derivó en un enfrentamiento tan directo como el que protagonizaron a finales de la década de los 2000. Una controversia que, según el biógrafo Shawn Levy, llegó a convertirse en una “disputa fea” y pública, ahora recuperada en la biografía Clint: The Man and The Movies.El origen del choque se sitúa en 2008, cuando Lee cuestionó abiertamente la visión histórica de Eastwood a propósito de su díptico bélico sobre la batalla de Iwo Jima, formado por Banderas de nuestros padres y Cartas desde Iwo Jima. Para el director de Haz lo que debas, ambas películas omitían una parte fundamental de la memoria colectiva estadounidense: la presencia de soldados afroamericanos en la Segunda Guerra Mundial. Durante una rueda de prensa en el Festival de Cannes, Lee expresó su malestar con palabras contundentes, asegurando que muchos veteranos negros se habían sentido ignorados por una representación que, en su opinión, los borraba de la historia.
La respuesta de Eastwood no se hizo esperar. Mientras presentaba El intercambio, el veterano cineasta rechazó las críticas con dureza, defendiendo que sus películas se ajustaban a los hechos históricos que pretendían retratar. En declaraciones a la prensa británica, cuestionó el conocimiento histórico de Lee y dejó claro que no aceptaba lecciones sobre cómo abordar aquel episodio bélico.
Lejos de rebajar el tono, Spike Lee replicó poco después, dejando una de las frases más recordadas de la polémica. Afirmó que Eastwood no era su padre ni él estaba obligado a aceptar ese trato, y aunque reconoció su talento como director, lo describió como un hombre enfadado aferrado a una visión rígida del pasado. El cruce de declaraciones elevó el conflicto y alimentó un debate más amplio sobre representación racial y responsabilidad histórica en el cine.
Lo que pocos esperaban es que la reconciliación llegara desde fuera. Según relata Levy, fue Steven Spielberg quien actuó como mediador silencioso entre ambos. Sin declaraciones públicas ni encuentros formales, el director habló por separado con Lee y Eastwood, logrando que ambos decidieran dar por cerrada la disputa.
Meses después, en septiembre de 2008, Spike Lee confirmó públicamente que el conflicto había quedado atrás. Mientras promocionaba Milagro en Santa Ana, otra película ambientada en la Segunda Guerra Mundial, restó importancia al enfrentamiento y explicó que nunca llegó a hablar directamente con Eastwood, pero que la intervención de Spielberg fue suficiente para calmar las aguas.
Con el paso del tiempo, aquel episodio ha quedado como una de las polémicas más sonadas entre dos gigantes del cine norteamericano, un choque de visiones sobre cómo contar la historia que, finalmente, encontró una salida discreta y conciliadora lejos de los focos.

Mucho woke hay suelto en este mundo.
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