EL CINE DE LOS AÑOS 70
CLEOPATRA JONES (1973)
REPARTO: TAMARA DOBSON, BERNIE CASEY, BRENDA SYKES, ANTONIO FARGAS, DAN FRAZER, BILL McKINNEY, STAFFORD MORGAN, DAN CORNELIUS, SHELLEY WINTERS, PAUL KOSLO, JOHN GARWOOD, CHRISTOPHER JOY, NICK DIMITRI
DIRECTOR: JACK STARRETT
MÚSICA: J. J. JOHNSON
PRODUCTORA: WARNER BROS
DURACIÓN: 89 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
Hay películas que, más allá de lo que cuentan en pantalla, activan recuerdos personales, etapas vitales y hasta despertares íntimos. Cleopatra Jones funciona aquí como excusa y como detonante para rendir homenaje a una revista que marcó una adolescencia y, de paso, afinó un gusto muy concreto por un tipo de belleza femenina. Ebano no era solo una revista erótica: era una declaración festiva, orgullosa y exclusiva, dedicada a exaltar a mujeres negras con una fuerza visual que, para muchos, resultó tan impactante como reveladora. El primer encuentro con aquella portada —una mujer de piel oscura, afro imponente y una mirada que parecía desafiar al mundo— fue un punto de no retorno. Superada la timidez del quiosco y el pudor adolescente, nació una fidelidad inmediata, una fascinación que se prolongó en el tiempo y que hoy encuentra su reflejo natural en la figura de Tamara Dobson.
Su Cleopatra Jones no es solo una protagonista de blaxploitation: es un icono absoluto. Dobson encarna a una agente especial que combate el narcotráfico con una mezcla explosiva de artes marciales, armamento pesado, sarcasmo y una presencia física arrolladora. Cleopatra avanza por la película sabiendo que atrae miradas, consciente de su poder y sin necesidad de pedir permiso. Todo en ella está diseñado para imponer: su vestuario, su actitud, su forma de caminar por el barrio negro como si fuera su territorio natural.
El enfrentamiento central con Mommy —la villana pelirroja, excesiva, lesbiana y caricaturesca— es uno de los grandes motores del film. Su odio desmedido hacia Cleopatra parece esconder una pulsión mal digerida, una atracción reprimida que añade una capa inesperada al conflicto. Ese duelo, tan físico como simbólico, resume bien el espíritu exagerado y provocador del género. Hay detalles que elevan la experiencia: el clímax en el desguace de coches, brutal y memorable, o ese Corvette que parece una prolongación natural del personaje.
Cleopatra necesitaba un nombre que resonara, un coche a su altura y una estética que gritara presencia. Todo está al servicio de ella. Es invencible en el cuerpo a cuerpo, inmune a las balas y, por supuesto, negra, algo que la película subraya sin complejos porque forma parte esencial de su discurso. Los villanos, torpes y blancos, representan un sistema que introduce la droga en los barrios negros, un esquema moral tan simple como efectivo.
Puede que muchos despachen Cleopatra Jones como cine menor, de trama elemental y factura tosca. Pero ahí reside precisamente su encanto. Estas películas no aspiran a la perfección ni a la solemnidad: van directas al grano, ruedan con urgencia, con una energía casi salvaje, sin disimular su naturaleza popular. No engañan a nadie y, en su honestidad bruta, resultan infinitamente más entretenidas que buena parte del cine contemporáneo inflado y excesivo. No son obras maestras, ni falta que les hace. Son piezas de un momento muy concreto del cine estadounidense, un episodio irrepetible donde personajes como Cleopatra Jones o las heroínas de Pam Grier se convirtieron en símbolos. Basta con ver qué hace Cleopatra en los minutos finales, entre chatarra y metal retorcido, para entenderlo todo. Es única. Y la película, a su manera, también.


Pelicula muy entretenida, donde se explota la belleza de la protagonista Tamara Dobson, que si aunque es una belleza despampanante en las escenas de arte marciales se le ve bastante torpona.
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