AMOR EN CUATRO LETRAS (2024)

 EL OJO CRITICO

AMOR EN CUATRO LETRAS (2024)
REPARTO: PIERCE BROSNAN, HELENA BONHAM CARTER, GABRIEL BYRNE, ANN SKELLY, FIONN O’SHEA, OLWEN FOUERE, FERDIA WALSH-PEELO, DONAL FINN, JONATHAN FRENCH, PAT SHORTT, NORMA SHEAHAN, MARY O’DRISCOLL
DIRECTORA: POLLY STEELE
MÚSICA: ANNE NIKITIN
PRODUCTORA: LONDON TOWN FILMS
DURACIÓN: 109 min.
PAÍS: REINO UNIDO
La película encuentra su mayor virtud no tanto en lo que cuenta como en el modo en que lo envuelve. Amor en cuatro letras respira una extraña sensación de irrealidad gracias a su ambientación irlandesa: la humedad persistente del campo, los paisajes abiertos y melancólicos, los pubs gastados por el tiempo y esas casas bajas y encaladas que parecen detenidas en otra época. A ello se suma un vestuario deliberadamente anacrónico que refuerza esa atmósfera suspendida, casi fantasmal. En ese terreno, la propuesta resulta sugerente y, por momentos, genuinamente evocadora.


El relato, sin embargo, avanza por caminos demasiado conocidos. La historia de dos personajes que se reencuentran tras una tragedia familiar, arrastrando obsesiones pasadas y heridas mal cerradas, aspira a demostrar que el amor verdadero sobrevive a cualquier golpe del destino. Esa intención es clara, pero el guion se apoya en clichés reconocibles y giros dramáticos que se perciben más impuestos que orgánicos. La admiración de Williams por García Márquez planea sobre el conjunto y no es difícil encontrar ecos de realismo mágico, aunque aquí suavizados y tratados desde una sensibilidad más amable, donde la fantasía nunca termina de integrarse del todo en el conflicto emocional.

Polly Steele opta por una puesta en escena solemne, casi reverencial, que confunde a menudo gravedad con profundidad. Esa búsqueda constante de trascendencia, reforzada por una repetición de imágenes simbólicas, acaba por restar naturalidad al relato. Las interpretaciones principales son sólidas y comprometidas, pero chocan con las limitaciones de un texto que no les permite ir más allá de lo previsto.

Aun así, una vez aceptadas sus reglas y comprendido el argumento, la película logra abrirse emocionalmente. La sinceridad con la que se expresa ese amor marcado por la pérdida termina por conmover y hacer partícipe al espectador de un drama que hasta entonces parecía hermético. Y, por encima de todo, destaca la interpretación de Helena Bonham Carter, exquisita y contenida, capaz de aportar matices y verdad allí donde el conjunto flaquea. Solo por su presencia, la experiencia encuentra una razón poderosa para ser vista.



Comentarios

  1. Si bien la primera parte de la película tiene muchos altibajos y se desarrolla por momentos con un ritmo pausado, la segunda parte resulta sencillamente brillante y en donde sobresalen Gabriel Byrne y sobretodo Helena Bonham Carter, y sin olvidar en el conjunto de la película a la actriz joven que interpreta a la hija de ambos. Muy buena fotografía, tiene esta peli que merece la oportunidad de ser vista.

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