EL OJO CRITICO
AFTERBURN (ZONA CERO) (2025)
REPARTO: DAVE BAUTISTA, SAMUEL L. JACKSON, OLGA KURYLENKO, KRISTOFER HIVJU, DANIEL BERNHARDT, EDEN EPSTEIN, GEORGE SOMNER, PHIL ZIMMERMAN, ROBERT HOLIK, LUKAS FRLAJS, PAULA ARGUELLES, SERGIO FREIJO
DIRECTOR: J. J. PERRY
MÚSICA: ROQUE BAÑOS
PRODUCTORA: ORIGINAL FILM
DURACIÓN: 105 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
Afterburn (Zona cero) se presenta como un relato de devastación global que nunca llega a sentirse real. El escenario promete un mundo roto, hostil y lleno de posibilidades, pero pronto queda claro que ese universo es solo un decorado funcional para encadenar explosiones, persecuciones y combates sin pulso emocional. Todo ocurre, pero nada importa.
La película avanza como si siguiera las pantallas de un videojuego antiguo: misiones que empiezan y terminan sin consecuencias, personajes que entran y salen de la historia sin dejar huella y arquetipos reconocibles que no se molestan en evolucionar. El líder marcado por su pasado, la figura traicionera, la mujer enigmática o el antagonista de voz grave existen únicamente para cumplir una función mecánica, nunca para construir un conflicto con peso dramático.
J.J. Perry demuestra solvencia cuando la acción toma el control. Las peleas están bien coreografiadas, la cámara sabe moverse y algunas persecuciones conservan energía física. El problema es que esa destreza no se traslada al conjunto del film. El ritmo se desploma en los momentos de transición y, cuando regresa la acción, lo hace sin sorpresa ni tensión, como una obligación más del género. La película parece interesada únicamente en el movimiento, olvidando que incluso el cine de acción necesita emoción y sentido.
El tono tampoco encuentra su lugar. Oscila entre una gravedad postapocalíptica que nunca se asienta y un humor ligero que no termina de funcionar, creando una sensación constante de indefinición. El espectador queda suspendido en tierra de nadie, sin saber si la película aspira a ser irónica, espectacular o simplemente funcional.
Visualmente, Afterburn ofrece destellos aislados. Algunas imágenes de ciudades arrasadas tienen fuerza y la fotografía aprovecha la luz solar como símbolo de un mundo exhausto. Sin embargo, el diseño de producción es genérico y el entorno postapocalíptico resulta intercambiable, más cercano a una cantera teñida de naranja que a un universo con identidad propia. Los efectos digitales fluctúan entre lo aceptable y lo claramente televisivo, reforzados por una banda sonora que confunde volumen y épica.
El reparto, con Dave Bautista al frente, queda atrapado en personajes sin profundidad y diálogos planos, sin espacio para destacar ni para crear vínculos con el espectador. Todos avanzan con una especie de resignación narrativa, como si la película también supiera que no va a ninguna parte.
En conjunto, Afterburn (Zona cero) ejemplifica cómo una premisa atractiva puede diluirse en acción vacía y decisiones automáticas. No hay descubrimiento, ni ironía, ni verdadera emoción, solo ruido, coreografías bien ejecutadas y una sensación persistente de oportunidad desperdiciada. Una película que se mueve mucho, pero nunca avanza.


Pelicula distraída, pero se nota que es una serie B, ya sea desde la puesta en escena hasta los efectos visuales con unas explosiones que de seguida se apagan. Lo mejor las escenas de lucha y la pareja protagonista.
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