VICIOS PROHIBIDOS (1972)

 EL CINE DE LOS AÑOS 70

VICIOS PROHIBIDOS (1972)
REPARTO: EDWIGE FENECH, ANITA STRINDBERG, LUIGI PISTILLI, IVAN RASSIMOV, FRANCO NEBBIA, RICCARDO SALVINO, ANGELA LA VORGNA, ENRICA BONACCORTI, DANIELA GIORDANO, CARLA MANCINI, DALILA DI LAZZARO, MARCO MARIANI
DIRECTOR: SERGIO MARTINO
MÚSICA: BRUNO NICOLAI
PRODUCTORA: LEA FILM
DURACIÓN: 97 min.
PAÍS: ITALIA
En esta obra, Sergio Martino demuestra una lucidez creativa notable, combinando el ingenio visual propio del giallo con una reinterpretación muy libre —pero sugerente— de algunos motivos de Edgar Allan Poe. Tanto El gato negro como El corazón delator resuenan en el trasfondo del film, especialmente en su tramo final, donde el eco literario se transforma en una imagen de gran fuerza plástica. El felino que da título a la historia —bautizado como Satán, casi un antagonista por derecho propio— se erige en una presencia inquietante que Martino filma con precisión, dotándolo de un aura ominosa, casi malévola.


Aunque la belleza magnética de Edwige Fenech parece destinarla al protagonismo, la trama recae con mayor peso en la compleja relación entre los personajes encarnados por Anita Strindberg y Luigi Pistilli: una esposa atormentada y un escritor atrapado en una crisis creativa y emocional. Ambos entregan interpretaciones notables, elevando un relato en el que conviven el suspense, la pulsión erótica y una atmósfera psicológica marcada por el desasosiego.

El film se permite además incorporar elementos icónicos del subgénero: las omnipresentes botellas de JB, las muñecas inquietantes, la aparición fugaz de unos capellanes en una de las primeras secuencias… pequeñas señas de identidad que revelan la familiaridad de Martino con las reglas del juego. No obstante, el director opta por desviarse del prototipo del asesino enguantado y el arma blanca, habitual en el giallo clásico, para proponer otra forma de intriga. Ese desvío refresca el esquema habitual y consigue mantener la atención incluso en los momentos más convencionales.

El guion, más cuidado de lo que suele encontrarse en el género, sostiene un entramado que atrapa, pese a que su resolución incurre en ese desorden narrativo tan característico del cine amarillo. Aun así, lo que pierde en coherencia lo recupera con creces en potencia visual, especialmente en el desenlace, auténtico estallido de sugestión que remite directamente a Poe.

En medio de la cantidad ingente de títulos irregulares que pueblan el giallo, esta película destaca como una de las propuestas más recomendables. Conjuga erotismo estilizado, drama psicológico, hallazgos formales y un homenaje literario que termina influyendo decisivamente en la trama. El resultado es un relato turbio, sensual y perturbador, firmado por un Martino que, aquí, brilla con especial convicción.



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