EL CINE DE LOS AÑOS 70
UN SILENCIO DE TUMBA (1972)
REPARTO: ALBERTO DALBÉS, GLENDA ALLEN, LUIS INDUNI, MARIO ALEX,KALI HANSA, MONTSERRAT PROUS, YELENA SAMARINA, MANUEL PEREIRO, CAROLINE RIVIERE, FRANCISCO ACOSTA
DIRECTOR: JESUS FRANCO
MÚSICA: FERNANDO GARCIA MORCILLO, JESUS FRANCO
PRODUCTORA: MANACOA FILMS
DURACIÓN: 85 min.
PAÍS: ESPAÑA
Resulta difícil conceder a Jesús Franco el beneficio de la duda. Uno querría, sinceramente, poder dedicarle alguna vez unas palabras admirativas; sin embargo, cada intento de reconciliación se frustra ante una obra que parece empeñada en exhibir, más que talento, una despreocupación ilimitada. Un silencio de tumba no constituye excepción alguna, sino más bien la confirmación, casi pedagógica, de todas las constantes que arrastra su filmografía.
Lo primero que desconcierta es el propio título, cuya relación con el contenido es, siendo generosos, nebulosa. Tras el visionado, uno no acierta a comprender a qué alude exactamente, ni por qué se escogió para encabezar una narración que, además, deriva de una novela trasladada a la pantalla con una morosidad difícil de sostener. La adaptación avanza con desgana, sostenida por un guion plagado de incoherencias, cabos sueltos y decisiones que parecen improvisadas al borde mismo del rodaje.
La puesta en escena tampoco ofrece refugio alguno. En exteriores, la fotografía presenta un aire velado que desluce por completo los paisajes de Calpe y Altea. La cámara, fiel a esa errancia tan característica del director, se mueve sin rumbo entre objetos, rostros y rincones, abusando de unos zooms que, lejos de aportar tensión o dinamismo, terminan por provocar fatiga visual.
La música —en la que interviene el propio Franco bajo su conocido seudónimo— acompaña casi cualquier secuencia con un tono hortera, como si hubiese sido extraída de una colección de veraneo de camisas floridas y colores chillones. En cuanto al reparto, la situación no mejora.
Las interpretaciones parecen obra de un grupo de conocidos del director reunidos por compromiso más que por convicción artística. Alberto Dalbés encabeza un conjunto desconcertante por su falta de naturalidad; Kali Hansa, tan presente como desorientada cuando no se despoja de ropa; y Montserrat Prous, cuya presencia remite inevitablemente a otros tiempos y otros filmes donde sí logró dejar huella. Ninguno se libra de una dirección de actores que oscila entre el descuido y la indiferencia.
El planteamiento narrativo, por su parte, recupera uno de los esquemas predilectos de Franco: un grupo de personajes reunidos en una isla mediterránea —rodaje al sol, paisaje agradable, comodidad para el equipo— y un asesino que los va eliminando. Pero ni el suspense se sostiene, ni el ritmo encuentra rumbo, ni la concatenación de escenas consigue un tono coherente. Todo se percibe apresurado, como si la prioridad hubiera sido terminar cuanto antes más que construir algo sólido. Al final, lo único que mantiene cierto interés es averiguar cómo se resolverá el misterio, aunque esa curiosidad no compense la irregularidad del conjunto.
Se trata, en definitiva, de una producción enteramente española que podría haber ofrecido algo más, pero que termina encajando de lleno en la categoría menos afortunada dentro del catálogo de su autor: la de los auténticos engendros. Para los muy devotos de Franco —y solo para ellos— quizá quede algún atractivo. Para el resto, cabe simplemente advertir: ustedes mismos.


Dentro de lo malo de Jesús Franco, resulta lo menos malo. 😂
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