TOM CRUISE SE QUEDA SIN PELICULA POR NO BAJARSE LOS PANTALONES ANTE TRUMP.
Durante más de cuarenta años, Tom Cruise ha construido una de las filmografías más reconocibles y exitosas del cine comercial contemporáneo. Desde el impacto inicial de Top Gun en 1986 hasta su regreso triunfal con Top Gun: Maverick en 2022, pasando por franquicias como Misión: Imposible —cerrada el pasado mes de mayo con su octava y última entrega— o apuestas más irregulares como La momia (2017), el actor y productor ha mantenido una presencia constante en la primera línea del espectáculo.
A lo largo de ese recorrido, Cruise ha forjado alianzas creativas muy definidas. Christopher McQuarrie se ha convertido en su socio más estrecho en los últimos años, mientras que cineastas como Cameron Crowe o Doug Liman han aportado registros distintos a su imagen pública. Precisamente con Liman, responsable de títulos como Al filo de la mañana o Barry Seal: El traficante, surgió en 2020 uno de los proyectos más ambiciosos —y también más singulares— de su carrera.
La idea era tan desmesurada como coherente con la filosofía del actor: rodar una película de acción en el espacio. El plan contemplaba una colaboración directa con la NASA y con SpaceX, la compañía aeroespacial de Elon Musk, y aspiraba incluso a utilizar la Estación Espacial Internacional como plataforma de lanzamiento. Durante un tiempo, el proyecto fue recibido con entusiasmo dentro del ámbito institucional, aunque nunca llegó a materializarse.
El silencio en torno a la película se prolongó durante años, hasta que declaraciones recientes de una fuente cercana al entorno de Cruise y Liman arrojaron luz sobre su abrupto final. Según esa versión, llevar a cabo el rodaje requería autorización del gobierno federal estadounidense, entonces bajo la presidencia de Donald Trump. Cruise, siempre cuidadoso con su imagen pública y decidido a mantenerse al margen del debate político, no quiso solicitar ese respaldo por razones ideológicas.
Esa distancia no fue un caso aislado. En 2025, el actor rechazó también una condecoración del Centro Kennedy que debía ser entregada por el presidente de Estados Unidos, alegando oficialmente conflictos de agenda, aunque la decisión reforzó la percepción de su incomodidad ante determinados gestos institucionales.
Paradójicamente, el entonces administrador de la NASA, Jim Bridenstine —nombrado por Trump— llegó a manifestar públicamente su apoyo al proyecto en redes sociales, subrayando la importancia de que la cultura popular inspire a nuevas generaciones de científicos e ingenieros. Aun así, ese respaldo no fue suficiente para salvar una película que nunca llegó a ponerse en marcha.
La negativa de Tom Cruise a pedir un favor político acabó sellando el destino de una producción que prometía romper límites, pero que terminó convertida en una de las grandes películas inexistentes de su carrera: un proyecto detenido antes de despegar, atrapado entre la ambición cinematográfica y las fronteras del poder.

Sentimientos encontrados me produce esta noticia, por un lado es que para hacer una pelicula se le tenga que pedir un favor al prepotente de Trump, eso me produce indignación; pero por otro lado me alegro por no tener que aguantar en una pelicula a la sonrisa profident de Hollywood, Tom Cruise; sonrisa mucha, talento poco.
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