EL OJO CRITICO
THE RUNNING MAN (2025)
REPARTO: GLEN POWELL, JOSH BROLIN, COLMAN DOMINGO, WILLIAM H. MACY, LEE PACE, MICHAEL CERA, EMILIA JONES, JAYME LAWSON, SEAN HAYES, KATY O’BRIAN, KARL GLUSMAN, DANIEL EZRA, DAVID ZAYAS
DIRECTOR: EDGAR WRIGHT
MÚSICA: STEVEN PRICE
PRODUCTORA: PARAMOUNT PICTURES
DURACIÓN: 136 min.
PAÍS: REINO UNIDO, ESTADOS UNIDOS
La paradoja más llamativa de The Running Man es que su reflexión sobre el entretenimiento como herramienta de control termina resultando menos poderosa que en el pasado, no porque la película falle en su planteamiento, sino porque el propio mundo que la rodea ha terminado por imitar sus peores presagios. Hoy, la banalidad convertida en espectáculo compite en igualdad de condiciones con cualquier ficción distópica, y eso inevitablemente diluye su impacto.
Aun así, la cinta encuentra un equilibrio digno entre el espectáculo y la crítica. Wright —fiel a su sensibilidad visual— construye un universo estilizado donde cada detalle técnico se alinea con el pulso de la historia. El diseño sonoro, el montaje ágil y la elegancia de su puesta en escena dialogan con naturalidad con la trama, aunque el tramo final revela un desgaste que se acumula sin prisa pero sin pausa, erosionando parte de la fuerza adquirida en su desarrollo.
Glen Powell, prácticamente dueño absoluto del metraje, sostiene la película con una entrega que combina solvencia en la acción y credibilidad en los momentos emocionales. A su alrededor orbitan figuras que funcionan más como acentos tonales que como personajes propiamente dichos: Michael Cera aporta su simpatía contenida y eficaz; Josh Brolin exagera su malicia con un matiz casi caricaturesco; y Colman Domingo se abandona a un exceso deliberado que subraya la ridiculez del sistema en el que todos parecen atrapados.
No obstante, más allá de estas virtudes, la obra no alcanza alturas memorables. Ni la trama despunta, ni el ritmo resulta especialmente vibrante, ni los personajes se imponen con verdadera personalidad. Tampoco el humor ni la crítica social terminan de sobresalir. Todo ello compone un film que se deja ver con agrado, sí, pero que rara vez va más allá de lo “interesante” o “curioso”.
Por eso, aunque su conjunto esté por encima del promedio y conserve el sello creativo de Wright, la sensación final es de una película que pudo haber ofrecido mucho más de lo que finalmente entrega. Con todo, quienes conozcan el imaginario del director o quienes disfruten de distopías con comentario social probablemente sabrán hallar placer en su propuesta. Entretenimiento y una ligera invitación a la reflexión: eso es lo que la película promete, y eso es, con modestia, lo que cumple.


No le llega ni a la suela de los zapatos al film de Schwarzenegger, esta nueva versión se ocupa de dramatizar la historia adaptándola a los tiempos en que vivimos con una clara ideología woke. Bastante mediocre.
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