SOMBRAS Y LUCES EN LOS WESTERNS DE KEVIN COSTNER.
Kevin Costner siempre ha sido un caso peculiar dentro del firmamento de Hollywood. Mientras algunos lo etiquetaban como un rostro bonito de los años ochenta, esos mismos críticos terminaron asistiendo, con cierta perplejidad, a una trayectoria definida por la obstinación creativa. Su carrera no se explica por los éxitos de taquilla ni por las temporadas de gloria: se explica por la tenacidad de un hombre dispuesto a apostar su propio dinero para hacer el cine que ama, incluso cuando la industria le daba la espalda.
Ese espíritu resurgió con fuerza en 2024, cuando Horizon: An American Saga —su proyecto más íntimo y ambicioso— fue recibido en el Festival de Cannes con una ovación de más de siete minutos. Costner, casi septuagenario, rompía en lágrimas mientras la sala reconocía su empeño titánico por sacar adelante esta epopeya del Oeste concebida como una saga de cuatro películas. Era una validación que no sólo celebraba al cineasta, sino también al productor infatigable y al narrador enamorado de la mitología americana.
Ese amor venía de lejos. Desde Silverado, aquel western modesto que en 1985 lo llevó al foco internacional interpretando a un joven pistolero impetuoso, Costner supo que el género formaría parte esencial de su identidad artística. Más tarde demostraría que estaba dispuesto a llevar su devoción hasta las últimas consecuencias: cuando Bailando con lobos fue rechazada por estudio tras estudio, él decidió dirigirla, renunciar a su sueldo y aportar millones propios para que la película existiera tal y como la imaginaba. El tiempo le dio la razón: siete Oscar, 420 millones de dólares de taquilla y el nacimiento de un icono cinematográfico.
Su aura de estrella se consolidó con Robin Hood, JFK, El guardaespaldas o Un mundo perfecto, que en conjunto superaron los mil millones de recaudación. Pero los años noventa también le recordaron con dureza que la cima es frágil: Wyatt Earp fue un descalabro crítico y comercial, tanto que incluso lo llevó a una nominación al Razzie. Waterworld, Tin Cup o Mensaje en una botella no cumplieron expectativas, mientras que Trece días o Mensajero del futuro se hundieron sin remedio.
Aun así, Costner nunca dejó de volver al Oeste. En 2002 regresó con Open Range, un western pausado, sólido y bellamente clásico que él mismo dirigió y protagonizó junto a Robert Duvall. La obra tardó en ser comprendida, pero confirmó de nuevo que, incluso en sus silencios, Costner sabía encontrar la verdad emocional del género.
La televisión terminó de sellar su renacimiento. Yellowstone, estrenada en 2018, lo situó en el centro de un fenómeno cultural inesperado. Como patriarca de la familia Dutton —un personaje moralmente ambiguo, fuerte y desgarrado— conquistó a millones de espectadores y se alzó con un Globo de Oro en 2022. La serie probó que, lejos de agotarse, su magnetismo seguía intacto.
Todos esos caminos confluyen hoy en Horizon, la obra que define su legado. Una saga que funciona como declaración de intenciones: la de un creador total, capaz de levantarse después de cada caída y de aferrarse a sus convicciones artísticas con la misma firmeza con que los viejos vaqueros cabalgaban hacia territorios desconocidos. En esa perseverancia, en esa épica íntima, reside la verdadera historia de Kevin Costner.

A mi la única pelicula del genero western que me ha gustado de Kevin Costner y no ha sido como director fue Silverado, un western con mayúsculas, luego vinieron Wyatt Earp que me aburrió soberanamente, no te digo de Bailando con lobos que se me hizo tediosa, recuerdo que cerraba los ojos solo para escuchar la musica de John Barry, Open Range no estaba mal, pero tampoco iba muy allá y la de Horizon, la primera entrega no me gusto.
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