¿QUIEN ES CARLA QUILEZ?
Hay carreras que no se explican como una progresión lenta, sino como una irrupción. La de Carla Quílez pertenece a esa categoría poco frecuente. Su nombre empezó a circular con fuerza cuando apenas había cumplido los catorce años, pero fue en 2025 cuando su presencia terminó de asentarse como una de las más estimulantes del panorama interpretativo español actual. Un año de tránsito, consolidación y riesgo que ha confirmado que aquel debut deslumbrante no fue un golpe de fortuna, sino el inicio de algo mucho más sólido.Antes de las cámaras, su territorio natural fue el cuerpo en movimiento. Criada en el barrio barcelonés de Horta, Quílez comenzó a formarse en danza desde los seis años, explorando disciplinas tan diversas como el ballet clásico, el contemporáneo, el claqué o el hip hop. Esa relación temprana con el ritmo, el espacio y la expresión física acabaría siendo decisiva. Sin saberlo, sus vídeos de coreografías compartidos en redes sociales se convirtieron en la puerta de entrada a su primera gran oportunidad interpretativa.
El salto llegó con La Maternal (2022), dirigida por Pilar Palomero. Allí encarnó a una adolescente obligada a madurar de forma abrupta, un papel de enorme exigencia emocional que afrontó sin artificios ni experiencia previa. El impacto fue inmediato: la Concha de Plata a la Mejor Interpretación Protagonista en San Sebastián no solo alteró su vida personal, sino que la situó en el mapa como una actriz a seguir. A ese reconocimiento se sumaron premios y nominaciones que reforzaron la idea de estar ante un talento excepcionalmente precoz.
Lejos de acomodarse en el eco de aquel éxito, Quílez optó por un camino medido y coherente. Sus trabajos posteriores han mantenido una continuidad tonal, pero con matices cada vez más complejos. En 2024 comenzó a abrirse paso en la pequeña pantalla con La última noche en Tremor, al tiempo que participaba en propuestas más íntimas como el cortometraje La niña tatuada, donde volvió a demostrar su capacidad para sostener relatos incómodos desde la contención.
El verdadero punto de inflexión llegaría en 2025. Ese año, su nombre se repitió con insistencia en distintos frentes: el terror sobrenatural de Dime tu nombre, la mirada incómoda y generacional de Pubertat, y, finalmente, Yakarta, la serie de Movistar que la enfrenta a su personaje más exigente hasta la fecha. Mar, su papel junto a Javier Cámara, marca un claro antes y después: una interpretación que ya no se apoya en la revelación, sino en la madurez.
Hoy, al borde de la mayoría de edad, Carla Quílez se encuentra en un momento decisivo. Su carrera no se define por la acumulación de títulos, sino por la coherencia de sus elecciones y la sensación constante de crecimiento. Si algo ha dejado claro este último año es que su recorrido apenas está comenzando, y que las historias más interesantes aún están por llegar.

La verdad es que no he visto nada de ella
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