EL OJO CRITICO
MERV (2025)
REPARTO: ZOOEY DESCHAMEL, CHARLIE COX, ELLIE JAMESON, PATRICIA HEATON, DAVID HUNT, CHRIS REDD, JASMINE MATHEWS, VICTORIA BLADE, WYNN EVERETT, JASON BURKEY, JAKE BERNE, JORDAN COX, ANDREA LAING
DIRECTORA: JESSICA SWALE
MÚSICA: TOM HOWE
PRODUCTORA: AMAZON MGM STUDIOS
DURACIÓN: 105 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
Existe una convicción bastante asentada —quizá más social que universal— de que criar un perro en pareja es una estrategia destinada al fracaso. La custodia compartida, aseguran muchos, entorpece el proceso de duelo, complica la logística y multiplica los roces. Y, según parece, también es perjudicial para las propias mascotas. Resulta fácil imaginar que un perro como Merv, un terrier de pelo duro interpretado con sobrada profesionalidad por Gus el Perro, acusaría el tránsito de un hogar familiar a dos casas separadas. Otra cosa es que esta premisa pueda sostener, sin mayor refuerzo, una comedia romántica navideña.
Merv, escrita por Dane Clark y Linsey Stewart y dirigida por la dramaturga británica Jessica Swale, nunca aspira a trascender su condición de producción navideña ligera dentro del engranaje audiovisual de Amazon. La película sabe muy bien qué clase de historia quiere contar y se atiene estrictamente a los códigos del género: dos ex, Russ (Charlie Cox) y Anne (Zooey Deschanel), atravesando una depresión posruptura apenas superada por la melancolía del propio Merv, emprenden un viaje hacia un resort canino con la intención de levantar el ánimo. Allí, rodeados de nieve tan artificial como inevitablemente invernal, el reencuentro emocional se plantea como el destino natural del relato.
Los secundarios, interpretados por Chris Redd, Jasmine Mathews, Wynn Everett y Ellyn Jameson, cumplen sin deslumbrar en un conjunto que oscila entre la excentricidad amable y la anécdota olvidable. En lo visual, la película reproduce ese acabado pulcro y ligeramente aséptico característico de los estrenos navideños de plataformas: blanco impoluto sobre vegetación verdísima, como si Boston en diciembre hubiera sido recreada en Carolina del Norte en pleno junio.
Su mayor atractivo, por supuesto, es la presencia canina. La película dirige con precisión quirúrgica su oferta al público que consume vídeos de perros en redes sociales, y despliega toda una colección de momentos concebidos exclusivamente para seducir a ese espectador: fiesta canina, playa canina, paseos, bajones emocionales y alegrías peludas. El montaje, eso sí, se resiente en algunas transiciones abruptas entre la acción animal y la reacción humana.
El problema reside en el reverso humano del film, que no logra encontrar un tono claro. Oscila entre análisis sentimental, comedia absurda, romance navideño convencional e incluso slapstick, sin asentarse en ninguno de ellos. No es una falta atribuible a Charlie Cox, quien se entrega con admirable convicción tanto a lo ridículo como a lo tierno, y cuya vulnerabilidad añade una nota de autenticidad poco habitual en este tipo de productos. Su interpretación aporta más química y encanto del que el guion le ofrece. Deschanel, por su parte, aporta su particular mezcla de melancolía y excentricidad, aunque su Anna resulta, en ocasiones, demasiado contenida para equilibrar la franqueza emocional de Cox.
Y, para ser justos, Gus el Perro cumple su cometido con honestidad perruna: se desploma, gime, observa y acompaña con una naturalidad que despierta simpatía inmediata. No alcanza las cotas de la célebre mascota de Anatomía de una caída, pero no cabe duda: es un buen chico.
En definitiva, Merv se apoya con decisión en su componente canino para compensar un relato humano que nunca termina de cuajar. El resultado es una película inofensiva, amable, destinada a quienes buscan una dosis de consuelo navideño y no se resisten a un montaje lleno de perros felices. Para el resto, queda como un ejercicio menor, agradable en su superficie, pero incapaz de sostener la profundidad emocional que intenta insinuar.


Tenemos un perrito simpático, una pareja separada que tienen digamos la custodia compartida del perro y todo enmarcado en un entorno navideño; la pelicula bueno,... se deja ver sin mas, si bien es cierto que no va mas allá de las cuatro tontería que enseñaron a hacer al perro. Podría dar mas de si, es cierto, pero esta al nivel del cine actual, ósea usar y tirar.
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