LAS TRES PELICULAS QUE BRIGITTE BARDOT RODÓ EN ESPAÑA.
Brigitte Bardot nunca encajó del todo en la categoría de actriz, porque su presencia desbordaba la pantalla. Nacida en París en 1934, fue antes un gesto, una actitud, una forma de entender la libertad. Su mezcla de aparente inocencia y sensualidad explícita dinamitó los códigos del cine clásico y transformó la feminidad en un acto de afirmación personal. A lo largo de casi medio siglo de carrera, dejó cerca de cincuenta películas, varios discos y una iconografía imposible de separar de los años dorados del cine europeo. Cuando decidió retirarse en 1973, no fue una huida ni una renuncia: fue una elección coherente con una vida vivida sin pedir permiso.
España fue uno de los escenarios donde esa libertad se hizo más visible. Su primer contacto con el país llegó en 1958, durante el rodaje de Los joyeros del claro de luna, dirigida por Roger Vadim, entonces su marido. Torremolinos, todavía un apacible pueblo de pescadores, no estaba preparado para una figura como Bardot. Su manera de vestir, su comportamiento despreocupado y su simple presencia provocaron una sacudida social que hoy parece casi irreal: cartas al alcalde pidiendo su expulsión por “inmoral”, miradas reprobatorias y una mezcla de escándalo y fascinación. Ella, fiel a su naturaleza, siguió paseando junto al mar con absoluta normalidad, ajena a la indignación ajena.
Años después regresó convertida en mito. En 1971, España volvió a cruzarse en su camino con Las petroleras, una comedia del Oeste dirigida por Christian-Jaque que reunió a Bardot con Claudia Cardinale y José Luis López Vázquez. El rodaje en Burgos y Madrid fue un acontecimiento: dos iconos femeninos compartiendo protagonismo en una película que jugaba con el humor, la acción y una sensualidad sin complejos. Ese mismo año, Almería se convirtió en otro de sus paisajes, al acoger el rodaje de El boulevard del ron. Bardot quedó fascinada por el lugar, al que definió como “el desierto más cinematográfico del mundo”.
Pero su relación con España no se limitó a los platós. Volvió en varias ocasiones y siempre habló del país con afecto. En sus memorias, Iniciales BB, publicadas en 1996, evocaba la luz, la música y el carácter de los españoles como parte de una geografía emocional que la acompañó durante años. Décadas más tarde, ese vínculo quedó recogido de forma sistemática en la primera biografía en español dedicada a ella, publicada en 2018 por el periodista Matías Uribe, donde se reconstruye el impacto que su figura tuvo en nuestro país.
Retirada del cine desde mediados de los setenta, Bardot volcó su energía en una causa que consideró prioritaria: la defensa de los animales y el compromiso ecológico. La Fundación Brigitte Bardot, creada por ella, se convirtió en una referencia internacional contra el maltrato animal. Lejos de suavizar su carácter con los años, siguió siendo una figura incómoda y polémica. Criticó abiertamente el movimiento Me Too, sostuvo posturas políticas controvertidas, se enfrentó a distintos gobiernos franceses y, durante la pandemia, se declaró antivacunas, reafirmando ese espíritu indómito que siempre la definió.
En septiembre del año pasado presentó Mon BBcédaire, un libro escrito a mano, íntimo y reflexivo, donde repasa la libertad, la vejez y el paso del tiempo. Un cierre natural para una mujer que nunca aceptó moldes ni silencios impuestos. Bardot no fue solo un icono: fue una forma de estar en el mundo, ferozmente libre, incluso cuando esa libertad incomodaba a todos los demás.

Comentarios
Publicar un comentario