LA ACTRIZ QUE SE ATREVIO A CRITICAR A MERYL STREEP.

 LA ACTRIZ QUE SE ATREVIO A CRITICAR A MERYL STREEP.

En Hollywood hay nombres que funcionan como un punto de referencia absoluto, casi como una medida de excelencia contra la que todo se compara. Meryl Streep es, desde hace décadas, ese nombre. Sharon Stone lo sabe bien y no lo discute, pero sí cuestiona el sistema que ha convertido a una sola actriz en el centro simbólico de la admiración colectiva. En una conversación reciente, Stone puso palabras a una incomodidad largamente asumida: la industria necesita mitos únicos, y Streep ha sido elevada a ese lugar de excepción.

Stone no niega el talento de su compañera —al contrario, la define como una actriz extraordinaria—, pero señala una jerarquía implícita que condiciona la mirada ajena. Para ella, el problema no es Meryl, sino el relato que se ha construido alrededor de su figura, un relato que obliga al resto a competir por un espacio que parece reservado de antemano. En ese mapa, Stone reivindica a intérpretes como Viola Davis, Emma Thompson, Judy Davis, Olivia Colman o Kate Winslet, a las que considera equiparables en talento y presencia, aunque raramente colocadas en el mismo pedestal.


Desde ahí, la actriz introduce una reflexión más personal. Stone no se compara desde la imitación, sino desde la diferencia: reconoce que su territorio interpretativo es otro. Donde Streep brilla en la contención y el rigor, ella se mueve con mayor potencia en la oscuridad, en los personajes ambiguos o directamente perversos. Películas como Instinto básico o Casino forman parte de una filmografía que, según Stone, responde a una energía que no todos los grandes nombres podrían haber asumido con la misma eficacia.

La veneración casi unánime hacia Streep no ha estado exenta, sin embargo, de voces disonantes. Katharine Hepburn, la actriz más premiada por la Academia, fue especialmente severa al definir su trabajo como excesivamente calculado, demasiado técnico para su gusto. En el extremo opuesto, Bette Davis vio en ella a una heredera natural y no dudó en expresarlo por escrito cuando Streep apenas comenzaba su carrera.

Entre elogios, críticas y comparaciones inevitables, la figura de Meryl Streep sigue funcionando como un espejo incómodo dentro de la industria. Y las palabras de Sharon Stone, más que un ataque, revelan una grieta persistente: la dificultad de aceptar que el talento no es exclusivo ni único, sino múltiple, diverso y, a menudo, injustamente jerarquizado.



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