JAMES CAMERON INGRESA EN EL CLUB DE LOS DIRECTORES MILMILLONARIOS.
Mientras la industria de Hollywood navega entre reajustes, despidos y estrategias defensivas, James Cameron avanza con la tranquilidad de quien no necesita mirar atrás. A comienzos de diciembre, Avatar: Fuego y Ceniza fue nominada a los Globos de Oro en la categoría de Logros Cinematográficos y de Taquilla antes incluso de llegar a las salas. Un reconocimiento anticipado que funciona casi como una declaración de principios: el sistema da por sentado que la maquinaria Avatar volverá a imponerse y que su próxima entrega podría superar, una vez más, la barrera de los 2.000 millones de dólares.
Ese convencimiento no es una corazonada, sino la consecuencia lógica de una trayectoria sin equivalentes. A sus 71 años, Cameron ha convertido el riesgo extremo en su método de trabajo. El balance es elocuente: cerca de 9.000 millones de dólares recaudados en taquilla a lo largo de cuatro décadas y una fortuna personal que ronda los 1.100 millones, según estimaciones recientes. Una cifra que lo sitúa en un círculo reservado a muy pocos nombres del cine contemporáneo.
El propio Cameron suele restar importancia a esa condición, incluso con ironía. Pero las matemáticas son claras. Salarios, participación en beneficios, licencias derivadas de parques temáticos, merchandising y el valor acumulado de Lightstorm Entertainment componen un entramado económico sólido y persistente. Y Avatar: Fuego y Ceniza podría añadir, por sí sola, otros 200 millones a su cuenta personal.
El contraste con sus inicios resulta casi violento. Cameron abandonó la universidad, trabajó como camionero y acabó entrando en el cine por la puerta más estrecha: la serie B de Roger Corman, donde cobraba 175 dólares semanales como asistente. Su primer largometraje, Piraña II, fue un fracaso rotundo y terminó con su despido prematuro. Todo cambió en 1984 con Terminator. Para asegurarse la dirección, vendió el guion por un dólar. La película recaudó 78 millones y dio origen a una de las franquicias más rentables del cine moderno.
Desde ese momento, su carrera se define por una escalada constante. Aliens, The Abyss, Terminator 2: cada proyecto elevaba el presupuesto, la presión mediática y las expectativas. Cameron se forjó una reputación de director implacable, obsesivo, dispuesto a llevar a su equipo al límite. Él mismo lo ha reconocido con el paso del tiempo. Pero esa exigencia tenía un objetivo claro: si una película podía ser mejor gastando más, el gasto estaba justificado. Y, una y otra vez, la taquilla le dio la razón.
El caso de Titanic consolidó definitivamente el mito. Rodaje problemático, costes descontrolados, titulares que anunciaban el naufragio del proyecto. Cameron renunció a su salario y a su porcentaje para tranquilizar al estudio. El resultado fue histórico: 1.800 millones de dólares en cines, ventas masivas en formato doméstico y once premios Óscar. Como compensación posterior, Fox le concedió un 10 % de los beneficios. Una cifra que rondó los 150 millones y que selló una de las mayores victorias creativas y comerciales del cine.
Con Avatar, Cameron llevó esa lógica a un nivel industrial. No se limitó a dirigir una película: desarrolló tecnología, sistemas de captura facial, cámaras 3D y herramientas de rodaje virtual inexistentes hasta entonces. La inversión fue colosal. El retorno, aún mayor. Estrenada en 2009, la película rozó los 3.000 millones de dólares y generó ingresos sostenidos a través de licencias, productos derivados y atracciones temáticas. Solo con la primera entrega, Cameron habría ganado más de 350 millones.
“Cada película cuesta una maldita fortuna”, ha reconocido en más de una ocasión. Y admite que todo el universo Avatar pende de un hilo tan fino como absurdo: si la primera no hubiera funcionado, nada de esto existiría. Esa es la paradoja que define su carrera. Una apuesta permanente contra el sentido común que, hasta ahora, lo ha convertido en el cineasta que siempre va más lejos que nadie… y que casi siempre regresa con la carga llena.

Que me regale un par de millones de dólares,.... que con eso tengo mas que suficiente para vivir, y él podrá seguir estando en el club de los milmillonarios. 😂😂
ResponderEliminar