EL MAESTRO JOHN CARPENTER CARGA CON FUERZA CONTRA UNA DE LAS PELICULAS DE "TERROR" MAS COMENTADA EN LOS ULTIMOS TIEMPOS.
EL MAESTRO JOHN CARPENTER CARGA CON FUERZA CONTRA UNA DE LAS PELICULAS DE "TERROR" MAS COMENTADA EN LOS ULTIMOS TIEMPOS.
Existen cineastas que recomiendan películas como quien comparte un tesoro, y otros que ejercen la crítica como un arte de demolición sin concesiones. Martin Scorsese pertenece, desde hace décadas, al primer grupo: su cinefilia militante ha contribuido a rescatar, legitimar y poner en circulación obras que merecían una segunda vida. En el extremo opuesto, pero con una autoridad igualmente incontestable, se sitúa John Carpenter, maestro del terror y censor implacable cuando algo no le convence. En esta ocasión, su mirada se ha posado —y no precisamente con benevolencia— sobre La sustancia.
La película, una rareza dentro del género al haber logrado una nominación al Oscar a mejor película, no ha encontrado en Carpenter un aliado. Durante un reciente coloquio con el público, un asistente le pidió su opinión sobre el filme, confesando previamente su entusiasmo personal. La respuesta fue tan escueta como demoledora. Carpenter aseguró no haber encontrado nada que le gustara y, en consecuencia, todo lo demás le había desagradado. Sin matices, sin desarrollo. Fiel a su estilo, el director dejó claro que no necesita argumentarios extensos para fijar una posición.
Paradójicamente, La sustancia articula un discurso que dialoga de forma directa con algunos de los temas más incómodos del star system contemporáneo. La historia gira en torno a una presentadora de televisión que durante años encarnó el ideal de juventud, belleza y deseo mediático, hasta que ese lugar le es arrebatado. Su programa es cancelado y la industria busca un reemplazo más joven, más atractivo, más acorde con la lógica del relevo constante. Una experiencia que la propia Demi Moore, protagonista del filme, conoce de primera mano.
El relato introduce entonces un elemento de ciencia ficción inquietante: la promesa de una sustancia capaz de crear una versión rejuvenecida y perfecta de uno mismo. El precio, sin embargo, es alto. Cuanto más tiempo se habita ese cuerpo ideal, más se degrada el original, condenado a una transformación monstruosa. El filme convierte así el miedo al envejecimiento y a la obsolescencia en una metáfora corporal extrema, donde la piel se convierte en campo de batalla.
En términos industriales, La sustancia tuvo un recorrido notable en la temporada de premios. Optó a cinco estatuillas de la Academia, aunque solo se alzó con el Oscar a mejor maquillaje y peluquería, un reconocimiento coherente con su potente imaginario físico. Demi Moore, por su parte, obtuvo el Globo de Oro a mejor actriz, mientras que el Oscar fue finalmente para Mikey Madison por Anora, película que dominó las principales categorías.
No faltaron lecturas irónicas ante ese desenlace. Algunos espectadores vieron en el reparto de premios una prolongación involuntaria del propio argumento de La sustancia: una vez más, la versión más joven terminaba imponiéndose. Quizá esa crueldad cíclica sea parte de lo que la película pretende denunciar. O quizá sea, precisamente, uno de los motivos por los que John Carpenter decidió no concederle ni un solo resquicio de indulgencia.

Pues para mi no es una gran pelicula, no esta mal,... pero considero que es una pelicula sobrevalorada.
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