EL CLASICO DEL CINE DE TERROR QUE PUDO PROTAGONIZAR JAMIE LEE CURTIS DE PEQUEÑA.
Resulta tentador pensar que la historia del cine de terror pudo haber sido distinta por una simple llamada telefónica. Mucho antes de convertirse en un rostro emblemático del género, Jamie Lee Curtis estuvo a punto de cruzar una frontera que habría cambiado su destino profesional. No ocurrió en un plató, sino en una conversación privada en la que Janet Leigh decidió decir “no”.
Curtis creció rodeada de Hollywood casi por inercia. Hija de una de las actrices más icónicas del cine clásico —la inolvidable protagonista de Psicosis—, parecía escrita en las estrellas una carrera temprana frente a la cámara. Sin embargo, ese contacto precoz con la industria no se tradujo en una infancia sobreexpuesta. Al contrario: su irrupción como estrella se haría esperar, y cuando llegó, lo hizo de forma contundente.
Antes de que Laurie Strode se convirtiera en un nombre propio del terror moderno gracias a La noche de Halloween (1978), existió la posibilidad de que Curtis debutara en otro hito del género. A comienzos de los años setenta, Ray Stark, productor de El exorcista y amigo personal de Janet Leigh, pensó en ella para el papel de Regan MacNeil. Jamie tenía apenas doce años, carisma de sobra y una presencia que no pasaba desapercibida. Bastó una fiesta para que alguien imaginara su rostro en aquella historia perturbadora. Pero la audición nunca llegó.
Décadas después, Curtis recordaría el episodio con naturalidad en El show de Drew Barrymore. Fue su madre quien cerró la puerta. No por falta de confianza, sino por convicción. Leigh entendía demasiado bien el precio de crecer ante las cámaras y quiso evitarle a su hija una experiencia que podía marcarla de por vida. El papel acabaría en manos de Linda Blair, cuyo vínculo con la saga se prolongaría durante años, desde la secuela directa hasta un cameo en el reciente El exorcista: Creyente.
La decisión de Leigh permitió que Curtis se construyera desde otro lugar: el de una actriz adulta, consciente de su oficio y dueña de su imagen. La noche de Halloween no solo la lanzó como scream queen pionera, sino que le dio una identidad cinematográfica propia, desligada del legado materno. A partir de ahí, su carrera avanzó con altibajos, reinvenciones y una consolidación que tardaría décadas en ser reconocida por la Academia, hasta que Todo a la vez en todas partes le concedió por fin el Oscar.
Hoy, cuando la franquicia de El exorcista sigue viva y Mike Flanagan prepara una nueva entrega protagonizada por Scarlett Johansson, la idea de ver a Jamie Lee Curtis atravesando ese universo resulta casi un juego de historia alternativa. Un cruce de caminos que nunca ocurrió, pero que ayuda a entender hasta qué punto su trayectoria estuvo definida tanto por las oportunidades que tomó como por aquellas que decidió no aceptar.

Vete a saber como le hubiera afectado, a lo mejor al ser anterior a La noche de Halloween no habría protagonizado esta peli de Carpenter al tener un cache mayor, hay que recordar que cuando hizo de Laurie Strode era una perfecta desconocida. O tal vez si la hubieran escogido su status como estrella hoy día sería aún mayor o le hubiera pasado como a Linda Blair, hoy día olvidada.
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