DANGEROUS ANIMALS (2025)

 EL 👀 CRITICO

DANGEROUS ANIMALS (2025)
REPARTO: HASSIE HARRISON, JOSH HEUSTON, JAI COURTNEY, ROB CARLTON, ELLA NEWTON, LIAM GREINKE, JAMES MUNN, MIKE GOLDMAN, TEAH FRASER, RYLAN PEARSON-McMANUS, SEAN RICHARD, JESS TREDINNICK
DIRECTOR: SEAN BYRNE
MÚSICA: MICHAEL YEZERSKI
PRODUCTORA: RANGE MEDIA PARTNERS
DURACIÓN: 98 min.
PAÍS: AUSTRALIA

A pesar de que la película se empeña en mencionar tiburones cada dos por tres, lo cierto es que apenas aparecen, y cuando lo hacen el CGI provoca más sonrojo que tensión. Por suerte, el metraje compensa ese déficit con varias secuencias sangrientas que, aunque algo gratuitas, aportan una chispa de energía visual. El ritmo, en general, se sostiene con soltura: una cinta dinámica, ligera y consciente de sus propios límites, lo que la convierte en un entretenimiento más que aceptable dentro de sus aspiraciones.


En ese equilibrio destacan las interpretaciones, con un Jai Courtney que da vida a Tucker con una contundencia inesperada. Este tipo duro, encargado de llevar turistas a la absurda experiencia de meterse en una jaula para ver tiburones, es de los pocos personajes que respiran verdad. Muy distinto es el caso de Moses, interpretado por un Josh Heuston que se queda corto en carisma; excesivamente romántico, algo pomposo y, en definitiva, prescindible. Su personaje podría eliminarse sin que la trama perdiera demasiado, lo que ya lo dice prácticamente todo.

Curiosamente, la película encuentra más interés en la presentación de sus figuras secundarias que en el núcleo dramático. Ahí está Zephyr, la joven surfista que sobrevive entre pequeños trucos de supermercado y una actitud algo pícara. Su encuentro con Moses —un simple favor para arrancar un coche que deriva en algo más estrecho— introduce una ligereza que contrasta con la violencia posterior. También están Heather y Greg, la pareja canadiense de turistas que actúan como puerta de entrada al universo de Tucker: tan sosos como funcionales, encarnan al espectador que cree que irse de vacaciones y dejarse guiar por un desconocido nunca traerá problemas. Craso error.

Si bien el argumento es sencillo y no pretende lo contrario, la cinta juega con ciertos elementos de serie B que, en ocasiones, rozan lo cuestionable. Varias decisiones narrativas resultan discutibles, en especial esas casualidades constantes que parecen salvar a las víctimas en el momento preciso. Una o dos pueden entenderse como parte del juego, pero cuando cada escena depende de un golpe de suerte, el artificio acaba percibiéndose demasiado.

Con todo, se trata de un proyecto australiano bien presentado por IFC y Shudder: técnicamente correcto, suficientemente intenso y sin el vicio de estirarse más de la cuenta. No es una obra redonda, pero sí un pasatiempo eficaz que, con sus tropiezos y aciertos, logra entretener durante todo su recorrido.



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