EL 👀 CRITICO
CRÓNICAS DE GUERRA (2025)
REPARTO: MAXINE PEAKE, CIARAN HINDS, JASON ISAACS, IAN HART, BEN MILES, NAOMI BATTRICK, HARRY LAWTEY, ELLIE BAMBER, SOPHIE SIMNET, AGNI SCOTT, ALEC NEWMAN, LORNE MacFAYDEN, FADY ELSAYED, TOMI MAY, LIJZA RICHTER
DIRECTOR: JAMES STRONG
MÚSICA: SNORRI HALLGRIMSSON
PRODUCTORA: GOOD FILMS
DURACIÓN: 117 min.
PAÍS: REINO UNIDO, ESTADOS UNIDOS
La muerte de Anna Politkovskaya continúa latiendo como una advertencia amarga: cuando la libertad de prensa se marchita, los periodistas pasan a ser objetivo antes que narradores. Su asesinato en 2006, coincidiendo irónicamente con el cumpleaños de Vladimir Putin, marcó uno de los primeros y más simbólicos silenciamientos de voces críticas bajo su mandato. Politkovskaya, que había pasado de comentarista social a cronista incómoda del poder, dedicó sus últimos años a denunciar la represión rusa en Chechenia y a describir las fracturas humanas de la Segunda Guerra Chechena. Dos décadas después, su figura conserva una relevancia inquietante y, pese a ello, apenas ha sido explorada en un par de documentales.
Words of War se suma a ese reducido número de retratos, aunque lo hace sin artificios ni aparatosidad. La película opta por un estilo que, lejos de seguir las tendencias visuales actuales, recuerda a los métodos de otro tiempo, casi como si quisiera convivir con la época de la propia Politkovskaya. Esa austeridad formal subraya un mensaje que la cinta parece querer pronunciar con claridad absoluta: el periodismo libre es hoy una especie en peligro crítico.
La comparación entre el asedio ruso a Chechenia y la invasión de Ucrania aparece inevitable, sobre todo con un productor ejecutivo como Sean Penn, que no duda en remarcar paralelismos. Sin embargo, la película abre un foco más amplio: advierte de una crisis global, particularmente visible en los Estados Unidos, donde ejercer la labor informativa se ha convertido, cada vez más, en una profesión mortal. El último año fue el más sangriento para los periodistas desde los años noventa, una estadística que convierte el mensaje de Words of War en un llamado urgente.
El guion de Poppen articula la historia como si moviera piezas en un tablero emocional: cada figura, cada testimonio, está situado para construir un desenlace que golpee con la contundencia justa. La cinta escoge con precisión quirúrgica los episodios que ilumina y se esfuerza por tratarlos con la misma contención ética que Politkovskaya intentó mantener en vida. Uno de los momentos más tensos, la crisis de los rehenes en Moscú, ilustra bien ese equilibrio: aunque la película muestra comprensión hacia el sufrimiento checheno, retrata aquel episodio como un enfrentamiento donde la violencia terminó devorando a todos, recordando que los ciclos de brutalidad rara vez distinguen entre verdugos y víctimas.
Esta lectura sobre la violencia —sus raíces, sus réplicas, su desgaste moral— establece un vínculo involuntario con otras obras recientes como La zona de interés, que también resonó con la sensibilidad de su momento histórico. Crónicas de Guerra, aunque no rompa moldes ni busque reinventar el lenguaje audiovisual, comparte esa cualidad de obra que trasciende sus propios límites formales: su propósito se sitúa más allá de la estética y apunta a un recordatorio incómodo sobre el precio de contar la verdad.
El cierre refuerza ese propósito de manera conmovedora. Los créditos finales, cuidadosamente diseñados, despliegan una lista extensa de profesionales que dieron su vida persiguiendo una historia: desde Politkovskaya hasta Jamal Khashoggi, pasando por docenas de nombres menos conocidos pero igualmente esenciales. Su presencia en pantalla funciona como un epitafio colectivo y, al mismo tiempo, como un recordatorio de que detrás de cada noticia hay alguien que se expone para que otros no permanezcan a oscuras.


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