BLUE MOON (2025)

 EL 👀CRITICO

BLUE MOON (2025)
REPARTO: ETHAN HAWKE, MARGARET QUALLEY, BOBBY CANNAVALE, ANDREW SCOTT, PATRICK KENNEDY, SIMON DELANEY, ELAINE O’DWYER, CILLIAN SULLIVAN, IAN DILLON, JONAH LEES, GILES STURRIDGE, DAVID RAWLE, JOHN DORAN
DIRECTOR: RICHARD LINKLATER
MÚSICA: GRAHAM REYNOLDS
PRODUCTORA: SONY PICTURES CLASSICS
DURACIÓN: 100 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS, IRELANDA

Hay artistas cuyo genio se vuelve un arma de doble filo, una forma de iluminar al mundo mientras ellos mismos se consumen en silencio. En Blue Moon, Richard Linklater coloca exactamente esa tensión en el centro de su mirada: la de un hombre brillante que siente que el tiempo ha dejado de necesitarle. Lorenz Hart, letrista capaz de transformar una emoción en melodía, atraviesa una noche que funciona como confesión, juicio y despedida íntima de todo lo que un día fue.


El filme transcurre en un único espacio, casi como si fuese un escenario en penumbra. Allí, Hart despliega una verborrea que bascula entre la lucidez y el derrumbe, un torrente de ingenio que por momentos parece un escudo para esquivar el dolor que le produce el éxito ajeno. Porque esa noche, todavía reciente el estreno de Oklahoma! —la obra que marca el nuevo rumbo de Richard Rodgers sin él—, el artista se enfrenta a la herida aún abierta de una colaboración rota por su fragilidad emocional y por el alcohol.

Ethan Hawke encarna a Hart con una intensidad que desborda cualquier marco. No interpreta: respira. Su mezcla de vulnerabilidad, furia y ternura convierte cada frase en un compás de una sinfonía que no necesita música. Con el guion de Robert Kaplow como partitura invisible, los diálogos adquieren una precisión casi wilderiana: exactos, afilados, dolorosamente humanos.

Lo que propone Linklater no es simplemente un retrato biográfico, sino una meditación sobre el amor no correspondido, la creación como salvavidas y la melancolía del artista que mira cómo el mundo cambia sin él. La película reflexiona sobre la pérdida de autenticidad en tiempos dominados por fórmulas y algoritmos, celebrando el teatro, la música y el poder de una palabra bien dicha. Allí donde muchos buscan artificio, el director apuesta por la esencia.

Al final, Blue Moon se revela como un canto íntimo al alma que se quiebra mientras intenta seguir creando. Una pieza mínima, teatral y profundamente emotiva, en la que Linklater demuestra —quizá más que nunca— que su cine está hecho de conversaciones que maduran, que se agrietan, que sobreviven.



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